18 de septiembre de 2012

"Desaprendiendo" anatomía...



“Desaprender” está de moda. Además, en algunos casos, es la única forma para continuar aprendiendo.  Porque aquello que damos por sentado, aquello que siempre ha sido así, que se ha transmitido entre generaciones, que nos hemos repetido una y otra vez y que consideramos una verdad absoluta, podría no serlo.

Esto sucede con la anatomía. Sí, sí, con la anatomía. ¿Cómo? ¿Resulta que ahora el cuerpo humano es diferente de como lo vemos en los libros de anatomía? No exactamente. Esa anatomía “descriptiva” es así. Pero, los profesionales de la actividad física, deberíamos mirarla desde un punto vista distinto, digamos que desde un prisma más “funcional” (¡término tremendamente popular hoy en día!). ¿Quiere decir esto que los músculos no hacen lo que aparece en todos los libros de anatomía? Tal vez no... o al menos no de una forma tan simple.

¿Cómo aprendemos esa anatomía “descriptiva”? Suele ser a través de libros donde se muestra el origen, la inserción, la dirección de las fibras musculares y, por tanto, la acción muscular. Y aprendemos que la función principal de ese músculo es a generar fuerza mediante la contracción concéntrica. Esto nos lleva a sacar conclusiones muy claras y contundentes de qué hacen los músculos.

Pero en esa interpretación, existen (al menos) dos problemas:

  • Los libros nos muestran músculos y tendones perfectamente identificados y separados entre ellos, con una dirección de las fibras muy clara (que incluso nos permiten separar ese músculo en porciones). Pero cualquier disección muestra que en la mayoría de las veces las fibras de diferentes músculos están “fusionadas”, el origen e inserción se comparte con el de otros músculos, no es tan sencillo identificar diferentes porciones de un mismo músculo, etc... Con otras palabras, todo está mucho más unido e inter-relacionado de lo que vemos en los libros. Y sin entrar a valorar la función de la fascia. De hecho, ya hay algún autor que habla de que tenemos una única unidad miofascial. Pero este no es el tema de hoy.
  • El segundo problema de ese estudio de la anatomía descriptiva es que la valoración de las acciones musculares se hacen desde una posición supina (tumbado en la mesa de disecciones). Y suponer que el movimiento que se produce al traccionar del tendón de un cadáver en una mesa de disecciones es el mismo que sucedería en un cuerpo vivo en la vida real es mucho suponer... 
En posición bípeda, nuestro cuerpo, a diferencia de cuando está tumbado, debe lidiar constantemente con dos fuerzas: la fuerza de la gravedad y las reactivas del suelo (las fuerzas que aplique hacia suelo, éste me las devuelve en la misma magnitud y dirección, pero en sentido contrario). Y este “pequeño” detalle hace que la verdadera acción muscular en función sea muy distinta a aquella que hemos aprendido.

Veamos un ejemplo ¿Alguna vez has tenido “agujetas” en la cara interior de los muslos (en la zona de los aductores) al día siguiente de haber corrido? Tal vez porque hacía un tiempo que no corrías, porque corriste más rato de lo habitual o por haber realizado series a un ritmo más rápido. En cualquier caso, uno puede preguntarse, ¿porqué demonios me duelen tanto los aductores si lo que he hecho es moverme hacia adelante? Parece que no tiene lógica, ¿verdad? Y según la visión tradicional de la anatomía descriptiva no es comprensible. Ya que la musculatura aductora (por cuestiones de simplicidad la trataremos como un único grupo, aunque los diversos músculos que la componen puedan tener alguna función distinta) es la encargada de acercar el muslo hacia la zona central del cuerpo (cerrar las piernas) cuando se contrae concéntricamente. Y parece claro que esto no es una acción que se de durante la marcha o la carrera. ¿Entonces?

La realidad es que, al estar de pie, el funcionamiento del cuerpo humano cambia completamente. Por ello, debemos estudiar qué pasa desde un punto de vista funcional. Pongamos el ejemplo de la carrera y hagamos una análisis general tomando como ejemplo la musculatura aductora de la cadera:

  1. Cuando lanzamos la pierna hacia adelante durante la carrera, ese segmento corporal acelerado (que en cierta medida es como un látigo al extender la rodilla) debe ser frenado por otros músculos. Y entre otros, la musculatura aductora ipsilateral se contrae excéntricamente para controlar la flexión de cadera, actuando como un extensor de cadera
  2. En la fase de apoyo monopodal, la pelvis tiene tendencia a bascular en el plano frontal y caer hacia el lado de la pierna que no está en contacto con el suelo. Si nos fijamos en el movimiento resultante en la articulación de la cadera de la pierna de apoyo, nos daremos cuenta que se produce una aducción de cadera (la pierna se acerca hacia la línea media del cuerpo). La musculatura aductora contralateral ayuda a evitar o controlar esa aducción de cadera. Es decir, se contrae excéntricamente actuando como abductor de cadera.
  3. En la fase de despegue, cuando extendemos la cadera para propulsarnos hacia adelante, sucede algo parecido que en el punto 1. Alguien debe controlar y frenar esa extensión de cadera y, entre otros, la musculatura aductora ipsilateral frena excéntricamente esa acción, actuando como flexor de cadera.

Es decir, ¡¡la musculatura de aductora está actuando como flexora, extensora y abductora de cadera durante la carrera o marcha!! ¡¡El mundo al revés!!

¿Entonces? ¿Tenemos que “desaprender” la anatomía? No exactamente... Como dice Chuck Wolf, si en anatomía descriptiva hemos aprendido el origen, inserción y dirección de las fibras, que los músculos se contraen en un plano y que su acción es concéntrica.... Pensemos que en función, ¡sucede todo lo contrario!