17 de enero de 2013

La casa por el tejado



Para obtener unos créditos de educación contínua para la recertificación de ACSM-CPT, hace unos días visioné un vídeo de un presenter de ACE, Fabio Comana, grabado durante una sesión de una convención de IDEA. El título de la sesión era “Metabolic Training: The New Cardio Program”. Como cualquiera hubiera supuesto, creí que hablaría sobre esta tendencia actual del entrenamiento metabólico, del que todos hablamos, pero que no tenemos muy claro qué significa exactamente. Esperaba oír los beneficios del entrenamiento de alta intensidad tanto para programas de pérdida de peso como para la mejora de la condición física o el rendimiento. Pero no fue así. Mejor dicho, fue así, pero con algunos matices. Importantes matices, diría yo. Mediante una exposición muy clara y basada en la fisiología, se cuestionaba la conveniencia de un trabajo de alta intensidad en sujetos poco entrenados con el objetivo de perder peso. Pero también reflexionaba sobre la conveniencia, en algunos casos, de realizar siempre este tipo de entrenamiento en sujetos entrenados o con objetivos de rendimiento. 

Los razonamientos y conclusiones darían para redactar una entrada específica en este blog. Pero no quiero hablar sobre esto, si no sobre algo que pensé. Y es una imagen que últimamente me viene mucho a la mente cuando pienso en el entrenamiento. De la presentación de Comana, podríamos extraer una idea fundamental: “Gasto calórico cualitativo primero, gasto calórico cuantitativo después”. Dicho de otra forma, primero debemos entrenar al organismo para ser eficiente energéticamente (¡incluso muchas personas aparentemente en forma requerirían una “rehabilitación metabólica”!) para luego poder crear sesiones de entrenamiento que produzcan un gasto calórico elevado. Pero bueno, como he comentado antes, esto es otro tema.

La imagen que me vino a la mente es una que, los que habéis estado últimamente en alguno de los cursos de fit360, habréis visto en varias presentaciones y escuchado como ejemplo en varios supuestos. Y lo curioso es que, pese a ser tan gráficamente comprensible, tan obvia y tan de sentido común, en demasiadas ocasiones nos olvidamos de ella. La imagen en cuestión es la de un montón de piedras apiladas unas sobre otras, formando una pirámide. La pregunta es sencilla: ¿Cómo resultará más estable la pila, si las piedras más grandes están abajo y las pequeñas arriba o viceversa? La respuesta, obvia. Cualquier entrenador estará de acuerdo. 

Y si es tan obvio, ¿por qué no lo tenemos presente siempre? Es habitual en nuestro sector la búsqueda de nuevos estímulos, de ejercicios avanzados, de las últimas tendencias y modas, para aplicar a una población cada vez más sedentaria, en peor forma física, con más patologías y con más limitaciones en movilidad o estabilidad. Volviendo al ejemplo sobre el entrenamiento metabólico, son numerosos los estudios que demuestran las adaptaciones fisiológicas de un entrenamiento de alta intensidad, sea con el objetivo de gasto calórico (pérdida de peso), para mejorar la forma física o para rendimiento. Pero si no existe una capacidad aeróbica de base y una eficiencia metabólica a intensidades bajas-moderadas, los beneficios de ese trabajo de alta intensidad se verán afectados negativamente. Del mismo modo, proponer determinados ejercicios que implican explosividad y potencia (arrancadas, saltos, etc...) en clientes que no tienen una buena base de fuerza (general) y experiencia en el entrenamiento de esta seguramente tendrá, a medio plazo, unas consecuencias más negativas que positivas. Igual que pedir determinadas acciones, posiciones o recorridos articulares a personas que tienen algún tipo de limitación en movilidad y/o estabilidad que, les imposibilita realizar el ejercicio con la técnica correcta y el control deseado. 

Hoy en día en que el desafortunadamente denominado “entrenamiento funcional” está de moda y donde parece que todo ejercicio debe ser realizado de forma integrada y en cadena, ¿no deberíamos aislar antes de integrar? El sentido común apela a corregir primero esas limitaciones, a conseguir que el cliente se mueva con control (estabilidad) y amplitud (movilidad) en cualquier movimiento fundamental, para luego crear una buena condición física general, y sobre ésta desarrollar habilidades o cualidades físicas más específicas. ¿Lo hacemos siempre así? O como dice la expresión popular, ¿no estaremos empezando la casa por el tejado?